Para el docente
El profesor o profesora debe conocer su propio Estilo de Aprendizaje y, además, ser capaz de reconocer los estilos predominantes de su alumnado. Esto permite ajustar la metodología y los recursos para favorecer un aprendizaje significativo en todos los discentes.
Para el diseño curricular
El diseño curricular y didáctico debe incluir actividades que activen los cuatro estilos. De este modo, ningún estudiante queda excluido del proceso por una metodología que no encaja con su estilo preferente.
- Actividades para el Estilo Activo: juegos de rol, debates, casos breves, lluvia de ideas
- Actividades para el Estilo Reflexivo: lectura, observación, análisis de información, diarios
- Actividades para el Estilo Teórico: mapas conceptuales, modelos, investigaciones, ensayos
- Actividades para el Estilo Pragmático: prácticas, simulaciones, talleres, proyectos reales
Para la evaluación
La evaluación debe ser coherente con la diversidad de estilos. Combinar pruebas objetivas con trabajos prácticos, exposiciones orales, portafolios y proyectos permite que cada estudiante demuestre lo aprendido desde su estilo predominante.
Para la orientación educativa
El conocimiento del Estilo de Aprendizaje del estudiante facilita una mejor acción tutorial: ayuda a elegir técnicas de estudio adecuadas, a planificar el tiempo y a desarrollar destrezas de autorregulación.
Referencias bibliográficas
Alonso, C.; Gallego, D.; Honey, P. (1994). Los Estilos de Aprendizaje. Procedimientos de diagnóstico y mejora. Bilbao: Mensajero.
Honey, P.; Mumford, A. (1986). The Manual of Learning Styles. Maidenhead: Peter Honey.